“Y el Señor añadía cada día…”

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“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Hechos 2:47 El crecimiento de la iglesia no es obra de hombre sino del Espíritu Santo.  El Apóstol Pablo dijo: 1Corintios 3:6  “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Muchas veces, queremos hacer el trabajo que solo corresponde al Espíritu Santo, olvidando que somos nosotros, los que debemos aprender a trabajar con Él.  Olvidando que, sólo nos corresponde “IR”, y “HACER”, y “ENSEÑAR” (discipular), y que, mayormente “VAMOS”, “HACEMOS”, pero, NO DISCIPULAMOS, es decir, NO ENSEÑAMOS las cosas que Jesús dijo que enseñáramos a la ighlesia, impidiendo así, que el pueblo de Dios camine sobre el poder de la Palabra. Quien escribe, sufrió de Malaria cinco (5) veces por espacio de siete (7) meses durante el año 2008. Sanaba y recaía, sanaba y volvía a recaer, no me recuperaba muy bien cuando de nuevo estaba bajo los efectos de la Malaria. Muchos eran los pensamientos que atravesaban mi mente, que incluso pensé que el trabajo realizado se perdería por causa de mi ausencia en el campo de trabajo, aún, muchos hermanos me lloraron porque alguien les dijo que había muerto. Seguro estaba de que, al sanar me iría de nuevo a la selva. Pero por el contrario, el Señor envió a los discípulos a visitarme para saber personalmente de mí. Los miré, los oí, oramos y compartimos la Palabra,  analizamos y consideramos la obra. Más allá de esto me dijeron:  “Hermano, si por alguna razón, usted no puede volver, no se preocupe, ya nosotros sabemos lo que tenemos que hacer” Con estas palabras pude entender que el trabajo no se había perdido, sino que por el contrario había crecido y los hermanos estaban trabajando. Aprendí a que yo debo hacer lo que me corresponde, y que nunca podré hacer más de lo que se me ha dado por hacer, confiando plenamente en que el Espíritu Santo por Su parte, hará lo que le corresponde. Pasada la tormenta de la Malaria,  este año, del 19 al 23 de Febrero 2009, el Señor  reunió a todo el ministerio indígena, quería que viera Su gloria, dándome la oportunidad de compartir con aquellos que hacía tiempo no veía, y conociendo hermanos que antes no conocía, y que el Señor había añadido a la iglesia durante mi tiempo de enfermedad. Doy gracias a mi Señor por la enseñanza de que puedo sembrar o regar, pero nunca olvidar que el crecimiento, es una obra exclusiva de Dios. A Jesús, mi Señor, sea la gloria por siempre.

Fundación Camino de Esperanza

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