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“…para que el señor abra puerta…”

Comunidad ColonialEl Apóstol Pablo nos enseña que la oración congregacional es una oración que libera el poder de Dios sobre la obra misionera. En tan alto sentido de confianza, Pablo exige a la iglesia no olvidarlos en sus oraciones, manteniéndolos siempre en respaldo de oración, hasta lograr el propósito del llamado del Señor.  ”Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.” Esta intercesión debe ser perseverante, manteniéndose alertas a la necesidad y ataques del enemigo para entrar en acción, incluyendo por supuesto, a los misioneros en el campo de trabajo. Esta petición conlleva el sólo deseo de que el Señor les “abra puerta” para alcanzar el motivo ministerial de “dar a conocer el misterio de Cristo”…”para que lo manifieste como debo de hablar” Diferentes grupos misioneros en el mundo se abren paso ante las dificultades y barreras propias a la evangelización de la humanidad, bajo la cobertura de iglesias que oran por la obra misionera. Tus oraciones personales y la intercesión congregacional asegurarán la salvación de los perdidos. Recuérdanos en  tus oraciones. ¡Ora…por nosotros!

“…mi corazón se queda aquí…”

¡En el corazón de Amazonas!Así como el periodista busca la buena noticia, así el misionero busca en los rincones de la selva a quienes no conocen a Jesús, para hablarles de Su amor. Un bongo de madera con techo de palmas, bajo la sombra entre gigantes árboles y en lento navegar sobre aguas de escasa profundidad nos abre pasos hasta llegar a la comunidad. El canto de las aves y el silencio de las aguas en reposo nos prepara para ver la gloria de Dios. Nos encontramos en el corazón de la selva amazónica venezolana, a doce horas de navegación del poblado más cercano. Saludamos a la comunidad, predicamos a Jesús para salvación eterna , nos despedimos y antes de partir surge la nostálgica pregunta: “¿Cuando vuelven?” El misionero baja su rostro en breve meditación, luego levanta los ojos y le dice: “Yo no vuelvo…porque mi corazón se queda aquí”

“Id y predicad el Evangelio…”

Río Caura, Edo. Bolívar, Venezuela

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Instituto “Tiempo de Cosecha”

p1010088Cualquier esfuerzo en la obra del Señor que no contemple un “discipulado multiplicador” tiende a perder su eficacia. El objetivo es ejecutar lo que Pablo escribía en 2 Timoteo 2:2, “encargar a hombres fieles, idóneos para enseñar también a otros”. La residencia permanente del misionero, impide al discípulo desarrollar una experiencia ministerial propia, porque sencillamente el misionero está siempre presente en la comunidad. Aún cuando se cometan errores, el conocimiento intelectual sumado al trabajo de campo, enriquecerá la experiencia misionera del discípulo. Por esto, el esfuerzo en la enseñanza ministerial capacitadora,  es clave para asegurar la formación de discipulos multiplicadores para la Gran Cosecha.

“…sembrar con lágrimas…”

pc210226“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; más volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” Salmo 126:5-6

Navegación aguas arriba, Río Orinoco, Edo. Amazonas, Venezuela.

¡Llevando la Preciosa Semilla!