¡Jesús nuestra Roca!
“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” Salmo 1:3 Es impresionante ver cómo este árbol, en medio de las aguas caudalosas del Río Caura (Edo. Bolívar, Venezuela), se abraza a las rocas con todas sus fuerzas para fijar y profundizar sus raíces, mostrando con majestad su fortaleza. Desde muy pequeño aprendió a sobrevivir cada día a las violentas corrientes de las cuales ha sido testigo. Su secreto de vida es “abrazarse a la roca”. Con seguridad vio cómo otros intentaron sobrevivir pero fracasaron, murieron. No encontraron la roca donde crecer con poderío. Con majestuosidad, logró vencer, aprendió el secreto de la vida victoriosa: abrazarse a la roca; la que le dió la oportunidad de crecer y mostrarse muy seguro. Cada año, las salvajes corrientes tratan de arrastrarlo aguas abajo, pero la roca le ha dado la oportunidad de fortalecerse, de mantenerse erguido como valiente soldado. El Salmista David quiso hacerlo entender: de nada valen nuestras fuerzas si no hay donde plantarse. Podemos ser muy frondosos, pero sin raíces seremos arrastrados por las corrientes de la vida. Cristo es nuestra roca, y sin Él nuestra vida perecerá. Abracemos la Roca de Eterno poder: Jesús, y sobreviviremos a la impetuosidad de las tormentosas aguas de la vida, hasta que lleguemos a Su presencia.




