
La única forma de disfrutar las bendiciones de Dios es “vivir en el temor a Él”. Esta fué una condición, dada a Israel antes de entrar en la tierra que “fluye leche y miel”. Dios nos disciplina, para guiarnos a confiar plenamente en Él, y para ello se vale de las más variadas formas de pruebas y aflicciones, y así mostrarnos lo que hay en nuestro corazón, llevarnos al arrepentimiento y finalmente hacernos bien. Él es el que nos “prueba”, “aflige”, nos “hace pasar hambre” y aún, sin conocerlo, nos da el alimento que Él quiere, para enseñarnos a depender del poder y fidelidad de Su Palabra. En este camino que muchas veces parece “camino de muerte”, nos tratará con sumo cuidado a fin de que aprendamos bien la lección. Él quiere que la aprendamos y nunca se nos olvide. De lo contrario dice Dios que “pereceremos”. “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.” (Deuteronomio 8:2-3)
¡DALE GRACIAS A DIOS POR TU DESIERTO!
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